Viviana Paiva había escuchado sobre el dióxido de cloro en la pandemia. Tiene 57 años y vive en Melipilla, pero en diciembre de 2023 recibió un diagnóstico de cáncer gástrico. El Hospital San Juan de Dios le ofreció tratamiento completo y gratuito, donde estaba programada para operarse y seguir la quimioterapia. Pero el día de la hospitalización, Viviana no se presentó. El miedo a la intervención, a los efectos secundarios y a perder su rutina pesó más que las advertencias médicas.
Investigó sobre el dióxido de cloro y leyó los estudios de Andreas Kalcker. Conforme con la información, se contactó con una “doctora” de Concepción que le vendió 1 litro de CDS por solo $30.000 pesos. En enero de 2024 comenzó un protocolo de tres meses que implicó ingerir hasta 80 ml diarios de CDS, divididos en 10 tomas.
Al comienzo sintió un malestar físico, descrito como una sensación de ligera asfixia y tener la cabeza «abombada», pero no lo interpretó como una intoxicación, sino como una prueba de que el compuesto estaba funcionando. Esta creencia la llevó a prácticas extremas, como el uso de enemas rectales de CDS.
Sus hijos le suplicaron que dejara el CDS y se operara. El médico que la controlaba le advirtió en cada consulta que este “era cloro” y que podía hacerle daño. Para Viviana, esos reparos solo confirmaban su percepción de que el sistema no quería que usara una alternativa barata y accesible. Hoy, Viviana dice haberse sanado del cáncer gracias al dióxido de cloro, compartiendo su testimonio en grupos de Facebook.
Simulación de aplicación de dióxido de cloro. Fondo ampliado con inteligencia artificial para adjuntarlo en el contenedor.
Foto: Lorena Riquelme y Sofía Torrejón
Tras relatar su proceso, Viviana accedió a enviar los exámenes médicos que confirmaban su diagnóstico. Los informes describían un adenocarcinoma ubicado en la zona donde se une el esófago con el estómago. En términos simples, un tumor que los especialistas consideran de evolución agresiva. Además, los documentos señalaban lesiones inflamatorias y ulceradas compatibles con esófago de Barrett, una condición precursora de cáncer.
Sin embargo, entre todos los documentos que envió, no había ningún examen posterior que demostrara que el cáncer había desaparecido. No había nuevas endoscopías, ni informes médicos que consignaran una reducción del tumor o siquiera una mejora clínica.
El sociólogo e investigador de la Universidad de Ohio State , Omar Barriga, explicó que las personas suelen evitar dos cosas, el dolor y la muerte. Según el sociólogo, es precisamente ese temor el que muchas veces impulsa a buscar alternativas como el dióxido de cloro, algo que observa con frecuencia en pacientes con enfermedades graves, especialmente cáncer.
Para Omar Barriga el dióxido de cloro no funciona únicamente como una sustancia química, también opera como un símbolo que aparece cuando la medicina no logra entregar respuestas. El sociólogo explica que muchas veces la medicina moderna es incapaz de resolver todos los problemas de salud, por lo que la gente recurre a otras alternativas.
Además, explicó que la tecnología, como YouTube o Facebook, masifica las narrativas alternativas y distribuye estas promesas de una manera muy rápida y accesible.
“La gente cree absolutamente todo lo que sale en las redes sociales«, explica el doctor Claudio Müller. El toxicólogo señala que, en el contexto de la desesperación social y la pérdida de confianza en la medicina, aparecen personajes que “se aprovechan de ese desconocimiento” para ofrecer el dióxido de cloro como una alternativa natural.
En los grupos de Facebook dedicados a la venta del dióxido de cloro abundan los testimonios de supuestas curas: cáncer, diabetes, artritis, migrañas y un sinfín de patologías. Sin embargo, la mayoría de estos relatos no proviene directamente de quienes experimentaron la enfermedad, sino de terceros. Siempre «un amigo», «un primo» o hasta desconocidos que supuestamente sanaron. En algunos casos se adjuntan fotos de exámenes, pero sin diagnósticos comparativos ni informes clínicos que permitan evaluar su autenticidad. Estas narrativas se difunden especialmente desde cuentas o tiendas que venden el producto, lo que convierte el testimonio en una forma de promoción más que en evidencia.
También, hay una realidad incómoda para los científicos: el efecto placebo.
La mayoría de los usuarios de MMS describe sensaciones generales que no necesariamente corresponden a un efecto farmacológico, como “más ánimo” y “motivación”.
El problema no es que la gente se sienta mejor, sino que atribuya esa mejora a un compuesto cuya función principal es desinfectar. En varios testimonios de grupos en Facebook aparece otra tendencia, el abandono parcial o total de tratamientos formales.
Viviana Paiva, quien aseguró haberse sanado con la supuesta solución milagrosa, eligió el dióxido de cloro porque, según ella, la hospitalización, la quimioterapia y el aislamiento de su entorno la aterraba más que la enfermedad. Su testimonio reproduce un argumento común, que “sanarse” por vías oficiales implica renunciar a autonomía y bienestar, mientras que hacerlo con dióxido de cloro permite seguir un ritmo de vida cotidiano.
Imagen hecha con inteligencia artificial.
El discurso de gente que dice tener efectos secundarios luego de probar el dióxido de cloro se expande por todo el internet. Los usuarios lo llaman “crisis curativa”. Es un concepto adaptado desde terapias alternativas que postulan que, antes de mejorar, el cuerpo “expulsa toxinas”. Según esa interpretación, cualquier síntoma desagradable sería parte del proceso de desintoxicación.
Pero para los especialistas consultados, esa interpretación no tiene ningún sustento. La toxicóloga Fernanda Cavieres fue explícita al desmentir la existencia de una crisis curativa. Según explicó, los síntomas descritos por los usuarios no corresponden a un proceso terapéutico, sino a la acción irritante del dióxido de cloro sobre las mucosas. Señaló que el compuesto actúa como un oxidante fuerte, produciendo daño celular directo.
Por eso las primeras manifestaciones suelen ser gastrointestinales: ardor, náuseas y vómitos.
En Facebook existen numerosos grupos dedicados al MMS y al dióxido de cloro, muchos de ellos con miles de integrantes. Además de las comunidades chilenas, circulan grupos internacionales que superan fácilmente los 10 mil miembros y también se comparten recetas, testimonios y consultas.
Este es uno de los dos videos disponibles en internet sobre la participación del Dr. Raúl Soto en el matinal Bienvenidos. El capítulo del 22 de agosto de 2017, día en que el médico presentó el dióxido de cloro en televisión, fue eliminado de las plataformas oficiales.
Por lo mismo, este registro grabado directamente desde un televisor es uno de los únicos dos documentos audiovisuales que existen de su aparición, y ambos fueron capturados de la misma manera.
El video fue descargado desde un canal de telegram.
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